
Nota del Editor: La siguiente es de la Edición 28.
Una mirada al hotel pionero e inspirador del ecoturismo en Pucón y que ahora cierra sus puertas.
Por Lezak Shallat
En los bosques del sur de Chile, no todos los descubrimientos se hacen bajo las copas de los árboles. Un ejemplo de ello es la Hostería Ecole, una hostería vibrante en el corazón de Pucón. Durante casi tres décadas afirmó, con razón, ser el "primer lugar divertido al norte del Polo Sur".
En sus anuncios a veces lo escriben con minúscula, "¡école!", combinando eco (de ecología) y olé. Quiere decir "¡buena onda!" en un chileno informal y “escuela” en francés, con lo que destaca su misión de difundir la palabra sobre los magníficos bosques de Chile y la necesidad de protegerlos. Bromas aparte, esta hostería fue pionera de un concepto radical para su época al llevar gente a los bosques para salvarlos, involucrando a la comunidad y también innovando en su restaurante con novedosos y deliciosos platos vegetarianos.
Sin embargo, su jugada más valiente fue precisamente la que abrió sus puertas: asociarse con ecologistas para proteger los bosques vírgenes comprándolos primero y luego protegiéndolos y promoviéndolos. El Santuario El Cañi, a 21 kilómetros de Pucón, es la primera área bajo protección privada de Chile. La visión ecologista de los fundadores de la hostería nunca ha decaído desde entonces. Pero tras casi 30 años, esta posada icónica en la esquina de Arauco con General Urrutia se ha puesto a la venta y deja tras de sí un legado gastronómico y de ecoturismo que ha transformado el turismo en este pueblo vacacional en una de las principales zonas lacustres del sur de Chile.
Espíritu e impacto local
Reunidos alrededor del acogedor salón de Ecole puedes encontrar naturalistas compartiendo sus descubrimientos más recientes. El patio bajo los enrejados cubiertos de parras servía como punto de partida para los entusiastas de la aventura al aire libre, cuyos kayaks, esquís y bicicletas de montaña se podían encontrar por todo el lugar. Los viajeros con el dinero justo apreciaban las habitaciones simples de precios razonables (literas de mochileros incluidas) y los baños compartidos, todos con nombres de árboles autóctonos. Durante la mayor parte del año, sus 22 habitaciones acogían a viajeros de todos los rincones del globo que se dirigían a esquinas remotas de la cordillera y de la Patagonia.
Ese sentimiento hogareño era especialmente acogedor para familias y mujeres que viajaban solas. Un balcón desvencijado en el segundo piso permitía disfrutar del impactante volcán Villarrica y las estelas de humo saliendo de sus entrañas.
Más tarde, la hostería compró la parcela contigua y se amplió con habitaciones privadas con baños y una terraza más resistente. Una sala común nueva y más espaciosa con un espectacular tragaluz daba cabida a todo tipo de actividades, desde clases de yoga hasta sesiones de cine semanales gratis, incluida una década del Festival de Cine Banff Mountain.
¡Y qué comida! El restaurante y bar de Ecole servía principalmente comida vegetariana, incluida una célebre lasaña y unos desayunos con abundante granola y un excelente café que nunca fue instantáneo. Algunas mesas hasta tenían un árbol en medio. "Ecole era el lugar de reunión por excelencia para personas afines", dice una de las fundadoras, Nicole Mintz, dueña de El Huerto, el restaurante de Santiago que dio a conocer la gastronomía vegetariana en Chile.
Otro de los elementos distintivos del restaurante Ecole es que fue el primero en colaborar formalmente con las comunidades mapuches en Curarrehue, Villarrica y Pucón para abastecerse y como inspiración para los menús, en el que se podían encontrar katuto (pan mapuche) y ensaladas de avellanas tostadas. También organizó el primer trafkintu intercultural de Pucón, un intercambio tradicional de semillas, plantas y conocimientos.
El bar de Ecole; y Rick Klein, el espíritu y la fuerza detrás de Ecole.Los "valores verdes y el activismo" de la hostería marcaron su diferencia, dice Cristina Délano, una de las fundadoras de Ecole que regentaba un restaurante vegetariano en Canadá antes de mudarse a Pucón. La mezcla chilena-gringa única entre dueños y huéspedes reafirmó su compromiso por crear una comunidad, no solo entre viajeros de paso, sino con Pucón y su entorno. Desde el principio, Hostería Ecole acogió a los lugareños en un esfuerzo por crear un contacto con el pueblo, el campo y la naturaleza salvaje más allá.
Délano recuerda un evento de una semana al poco de abrir Ecole que atrajo a dos ecologistas legendarios ya fallecidos (Doug Tompkins, el empresario estadounidense que creó Parque Pumalín y la defensora chilena de los bosques Adriana Hoffmann), a las calles de Pucón para limpiar basura junto a grupos de jóvenes y empresarios.
Decenas de árboles autóctonos que todavía arrojan sombra sobre esas calles fueron plantados hace décadas por los vecinos del pueblo con una donación organizada por Ecole de 1.000 especies. La ayuda económica de Ecole también ayudó a los vecinos de Tinquilco a acceder a recursos hídricos y a evitar la construcción de una central eléctrica. Y aunque su campaña para salvar el delta del río Trancura fracasó, ayudó a abrirle paso a la aprobación de la Ley Humedales Urbanos de Chile. Estas actividades, entre otras, "hicieron que la gente empezara a pensar en el ecologismo y en ponerse manos a la obra", rememora Délano.
Origen y El Cañi
La prehistoria de Hostería Ecole tiene mucho que ver con el activista forestal de California Rick Klein y su obsesión con los árboles viejos. "Una leyenda en su propia mente", según su guía de senderismo Rick's Picks. Este defensor de los bosques ancestrales aterrizó en el valle alto del Biobío a principios de los setenta como primer guardabosques de Chile.
De regreso en los EE. UU., el guardabosques Rick no pudo desprenderse del deseo de buscar los árboles más antiguos del mundo entre los bosques de alerces de Chile. A principios de los noventa encabezó varias expediciones bajo la insignia de Ancient Forests International (AFI), con sede en California, en su búsqueda. Aunque estas rutas no lo lograron, Klein pudo visitar algunos de los ecosistemas más majestuosos y poco conocidos de la región y entablar amistades con personajes clave del incipiente movimiento ecologista de Chile. Y su meta demostraría ser profética tres décadas más tarde, en 2022, cuando los científicos descubrieron en el Parque Nacional Alerce Costero, el árbol vivo más antiguo del mundo. Conocido como “Gran Abuelo”, se estima que este alerce tiene más de 5.000 años.
Klein creía que la gente se esforzaría por salvar los bosques vírgenes de Chile si podía experimentarlos. Entre sus logros se cuenta dar a conocer al filántropo estadounidense Doug Tompkins la zona que acabaría convirtiéndose en el Parque Pumalín.
El restaurante servía principalmente comida vegetariana.
El jardín de Ecole.Y después está El Cañi, la reserva forestal que ayudó a crear Ecole. "Cuando nos enteramos de que El Cañi estaba a la venta nos propusimos salvarlo", dice Klein.
En 1990, activistas medioambientales de Chile, Canadá y EE. UU. recaudaron fondos para comprar este excepcional bosque y arrebatárselo a una maderera transnacional. Encabezados por el educador medioambiental Rod Walker (que murió en julio de 2023), crearon la Fundación Lahuén, una organización asociada con Ecole, que es dueña de la reserva. Durante años Ecole entrenó a los guías de El Cañi, proporcionó patrocinio económico y dirigió a un flujo constante de visitantes a la cima de la montaña. Uno de los recuerdos favoritos de Klein sobre Ecole es llevar a los turistas al Mirador de El Cañi, con vistas a 360° de los bosques ancestrales de araucarias del parque. En mapudungún, el nombre del lugar significa "visión transformadora”.
“Que respeten los árboles”
En aquellos días, antes del GPS, escaseaba la información sobre los senderos salvajes, y tampoco había servicios ni instalaciones para facilitar el camino. Los senderistas tenían que enfrentarse al dilema de la exploración en Chile: cuanto más te acercabas a los lugares salvajes más bonitos, peor era la acomodación. La Hostería Ecole ayudó a cambiar esa perspectiva.
Cuando la destartalada posada apreciada por los voluntarios de El Cañi y los expedicionistas de AFI salió a subasta en 1994. "La imaginación se echó a volar", dice Alan Coar, uno de los fundadores de Ecole. "La idea, aparentemente loca, de reunir a otros viajeros medioambientales como inversores se hizo posible", señala.
El Cañi con Rick Klein, Rod Walker, Alan Coar, Hernán Verscheure y otros.
Un encuentro medioambiental en Ecole.Docenas de ecologistas y amantes de la naturaleza se reunieron para respaldar el proyecto económicamente. Entre los socios había expertos en prevención de incendios forestales, en silvicultura sostenible, en botánica, en filantropía conservacionista y arquitectura, además de empresarios del ecoturismo, fotógrafos de naturaleza y noticias, dueños de restaurantes vegetarianos, conductores, guías, sanadores naturistas y místicos.
"Los socios vieron su inversión como una manera de influir en la política de conservación", dice el socio y antiguo gerente de Ecole, Hernán Verscheure, que también trabajó durante décadas como director de campaña forestal para el grupo conservacionista más antiguo de Chile, el Comité Nacional Pro Defensa de la Flora y la Fauna (CODEFF). Sus inversiones demostraron el valor que tanto chilenos como extranjeros le daban a la naturaleza.
"Juntamos nuestros recursos, compramos el lugar, nos deshicimos de la basura, le dimos una capa de pintura y servimos unos cuantos platos", recuerda Klein, quien divide su tiempo entre los bosques templados húmedos del sur de Chile y del norte de California.
Para principios de 1995, un huésped podía encontrar una cama firme con un edredón de plumón, duchas calientes, comida de lujo e información útil sobre el alto Biobío, el valle Cochamó, el Parque Pumalín y otras zonas protegidas inspiradas por el modelo de Cañi.
La presencia constante de los socios y amigos en Ecole le dio al lugar un ambiente de club que a veces se describía como el torbellino Ecole por su atracción irresistible. Viajeros que habían llegado por unos pocos días podían acabar quedándose durante meses, ofreciéndose como voluntarios en el jardín o la escuela de idiomas de Ecole.
Su modelo empresarial sin ánimo de lucro y su ambiente contracultura se basaban en grandes ideales. A diferencia de la mayoría de los establecimientos turísticos de Pucón, Ecole daba trabajo durante todo el año a la mayor parte de su plantilla, un equipo liderado por la omnipresente Marta Barra, que ya trabajaba en la posada original mucho antes de que llegara el equipo de Ecole.
Pero al igual que muchas otras empresas turísticas estos últimos años, Hostería Ecole no pudo sobreponerse a los tiempos cambiantes. En 2020 los estrictos confinamientos de Chile impidieron que llegara ningún visitante. Además, Pucón está cambiando y cada vez hay más apartamentos de vacaciones en el paisaje. En 2022, Ecole decidió recoger las cosas y alquilarle el lugar a un nuevo gestor. Los accionistas tomaron la decisión agridulce de venderle la propiedad el año pasado.
"Resulta difícil imaginarse Pucón sin Ecole,” dice Mintz.
Los socios esperan que los futuros dueños respeten su legado de activismo medioambiental. "Que respeten los árboles, nada más", dice Klein, el alma de la visión de Ecole. "Ese es nuestro pasado y su futuro", concluye.

